Duelo no complicado vs. trastorno de duelo prolongado: diferencias y señales de alerta

Introducción

El duelo es una respuesta natural ante la muerte de un ser querido y otras pérdidas significativas. Cada persona lo vive de una manera única, con cambios emocionales, físicos, cognitivos y sociales que forman parte del proceso de adaptación a la pérdida.

Sin embargo, en algunas personas el dolor permanece con una intensidad elevada durante un tiempo prolongado y comienza a interferir significativamente con su vida cotidiana. En estos casos, podría presentarse un trastorno de duelo prolongado, una condición reconocida clínicamente que requiere evaluación y acompañamiento especializado.

Distinguir entre un duelo no complicado y un trastorno de duelo prolongado no busca patologizar el dolor ni establecer una forma “correcta” de vivir el duelo. Su objetivo es identificar cuándo una persona puede necesitar apoyo profesional adicional.

¿Por qué es importante distinguirlos?

Diferenciar entre un duelo no complicado y un trastorno de duelo prolongado permite comprender las necesidades de cada persona y ofrecer el tipo de acompañamiento más adecuado.

Esta distinción es importante porque ayuda a:

-Identificar señales de alerta: reconocer cuándo el dolor comienza a generar una interferencia significativa en la vida diaria y podría requerir una evaluación profesional.


Brindar apoyo oportuno:
detectar dificultades en el proceso de duelo permite ofrecer intervenciones acordes a las necesidades de la persona.


Reconocer factores de riesgo:
algunas circunstancias personales, relacionales y contextuales pueden aumentar la probabilidad de desarrollar dificultades persistentes durante el duelo.


Evitar la patologización del dolor:
comprender estas diferencias ayuda a reconocer que el sufrimiento después de una pérdida es una respuesta humana, y que necesitar apoyo especializado no significa debilidad o falta de fortaleza.

Distinguirlos no busca establecer una forma correcta o incorrecta de vivir el duelo, sino identificar cuándo una persona podría necesitar un acompañamiento diferente.


¿Qué es un duelo no complicado y cómo suele manifestarse?

El duelo no complicado hace referencia a una respuesta natural ante una pérdida significativa. Puede incluir reacciones emocionales, cognitivas, físicas y sociales que forman parte del proceso de adaptación a una nueva realidad.

Aunque cada persona vive el duelo de manera diferente, algunas experiencias frecuentes pueden incluir:


Cambios emocionales:
tristeza, añoranza, enojo, culpa u otras emociones relacionadas con la pérdida.


Oscilaciones en el proceso:
momentos donde el dolor se siente más presente y otros donde la persona puede enfocarse en diferentes áreas de su vida.


Continuidad del vínculo:
mantener una conexión significativa con la persona fallecida mientras se aprende a vivir con su ausencia.


Adaptación gradual:
reconstruir rutinas, roles y proyectos después de la pérdida.

El modelo de proceso dual de Stroebe y Schut explica que las personas suelen oscilar entre dos movimientos durante el duelo:

Orientación hacia la pérdida: momentos en los que la persona conecta con el dolor, los recuerdos y las emociones relacionadas con la ausencia.


Orientación hacia la restauración:
momentos enfocados en adaptarse a los cambios, asumir nuevos roles y reconstruir la vida cotidiana.

Este movimiento entre ambas orientaciones es una parte esperada del proceso de duelo y refleja la manera dinámica en que muchas personas afrontan una pérdida.


Trastorno de duelo prolongado: criterios DSM-5-TR y características principales

El Trastorno de Duelo Prolongado (TDP) fue incluido en el DSM-5-TR como una condición clínica relacionada con el duelo. Se caracteriza por una respuesta persistente e intensa ante la muerte de una persona significativa, acompañada de dificultades importantes para adaptarse a la vida después de la pérdida.

De acuerdo con el DSM-5-TR, algunos criterios considerados para su diagnóstico incluyen:


-La muerte de una persona significativa ocurrida al menos hace 12 meses en adultos y 6 meses en niños y adolescentes.


-Añoranza intensa por la persona fallecida o preocupación persistente relacionada con la pérdida.


-Presencia de dificultades como alteraciones en la identidad, sensación de incredulidad, evitación de recordatorios de la pérdida, dolor emocional intenso, dificultad para continuar con la vida, sensación de vacío o soledad intensa.


-Malestar clínicamente significativo o deterioro en áreas importantes de la vida de la persona.


-Una respuesta de duelo que excede lo esperado según las normas culturales, sociales o religiosas de la persona.

Es importante recordar que la presencia de dolor después de una pérdida no significa por sí misma que exista un trastorno. El diagnóstico debe ser realizado por un profesional de la salud mental considerando la historia, contexto y características particulares de cada persona.

Factores de riesgo para desarrollar un trastorno de duelo prolongado

El desarrollo de un trastorno de duelo prolongado puede estar relacionado con diversos factores personales, relacionales y contextuales. La presencia de estos factores no significa que una persona desarrollará el trastorno, pero pueden aumentar la vulnerabilidad y la necesidad de mayor acompañamiento.

Entre los factores asociados se encuentran:


Relacionados con la historia personal y el vínculo


-Una relación altamente dependiente o compleja con la persona fallecida.

-Antecedentes de pérdidas significativas o dificultades previas en procesos de duelo.


-Historia previa de problemas de salud mental, como ansiedad, depresión o trauma.

Relacionados con las circunstancias de la muerte


-Muertes repentinas, violentas o traumáticas.


-Experiencias difíciles alrededor del proceso de enfermedad o final de vida.


-Falta de oportunidad para despedirse o circunstancias que dificultan la elaboración de la pérdida.

Sociales y contextuales

-Falta de apoyo social percibido.


-Situaciones de estrés adicional durante el duelo.


-Conflictos familiares o dificultades relacionadas con la pérdida.

Relacionados con el afrontamiento


-Evitación persistente de aspectos relacionados con la pérdida.


-Patrones repetitivos de rumiación.

-Creencias rígidas sobre cómo “debería” vivirse el duelo.

Señales que indican la importancia de buscar apoyo profesional

Aunque el duelo puede implicar momentos de intenso dolor, existen algunas señales que pueden indicar la necesidad de recibir acompañamiento especializado.

Algunas de estas señales incluyen:


-La intensidad del sufrimiento permanece elevada y genera dificultades importantes en la vida cotidiana.


-Existe una preocupación persistente relacionada con la pérdida o una añoranza intensa que resulta difícil de manejar.


-La persona evita de manera constante situaciones, lugares o recuerdos relacionados con la pérdida.


-Aparecen sentimientos intensos y persistentes de culpa, vacío, desconexión o dificultad para imaginar el futuro.


-Existe aislamiento significativo o dificultad para retomar actividades importantes de la vida diaria.

La presencia de estas señales no significa automáticamente que exista un trastorno de duelo prolongado. Sin embargo, puede indicar la importancia de realizar una evaluación profesional.

Actualmente existen diferentes enfoques psicológicos especializados en duelo, incluyendo intervenciones basadas en evidencia, modelos cognitivo-conductuales adaptados al duelo y enfoques centrados en la reconstrucción de significado.

Conclusión

El duelo es una respuesta profundamente humana ante una pérdida significativa. Aunque puede generar un intenso dolor, la mayoría de las personas logran adaptarse progresivamente a la ausencia e integrar la pérdida dentro de su historia de vida.

Sin embargo, algunas personas pueden experimentar dificultades persistentes que interfieren de manera importante con su funcionamiento y bienestar. Reconocer la diferencia entre un duelo no complicado y un trastorno de duelo prolongado permite identificar cuándo puede ser necesario un acompañamiento clínico especializado.

Comprender estas diferencias no busca patologizar el dolor, sino reconocer la diversidad de experiencias en el duelo y ofrecer el apoyo adecuado según las necesidades de cada persona.

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La investigación y redacción de este artículo fueron realizadas por Sara Villacís, estudiante de psicología en la Universidad Anáhuac Cancún, con edición y supervisión de Bianca Ramírez, psicóloga especializada en terapia de duelo y directora de ITEDU.

Referencias bibliográficas

American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). American Psychiatric Publishing.

Boelen, P. A., van den Hout, M. A., & van den Bout, J. (2006). Prolonged grief disorder: Cognitive-behavioral theory and therapy. Routledge.


Burke, L. A., & Neimeyer, R. A. (2012). Prospective risk factors for complicated grief: A review of the empirical literature.
Death Studies, 37(2), 108–139.


Stroebe, M., & Schut, H. (1999). The dual process model of coping with bereavement: Rationale and description.
Death Studies, 23(3), 197–224.


Stroebe, M., Schut, H., & van den Bout, J. (Eds.). (2013).
Complicated grief: Scientific foundations for health care professionals. Routledge.



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